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GQ España: Todos los hombres están en Justin Timberlake

Este verano sonaba Soulmate en Spotify. Bajo esa atmósfera tropical y de neones producida por Nineteen85, ángel de la guarda de Drake, la canción nos llevaba a preguntarnos cómo ha llegado nuestro protagonista hasta allí. Sorprendentemente, el último ejercicio creativo de Justin Timberlake(Tennessee, EE UU, 1981) tiene que ver con la moda. A principios de octubre Levi’s lanzó la colección Fresh Leaves, una selección de veinte prendas icónicas de la firma pasadas por el infalible filtro artístico del cantante. En este punto hay que reflexionar sobre su capacidad para hacer suyo todo lo que toca.

Exactamente igual que ha hecho siempre llevándose a su terreno el intocable soul o el tan arriesgado funk. Debe de ser que crecer en Memphis, tierra de Elvis, imprime carácter. Artista curtido por los focos desde temprana edad en el Mickey Mouse Club, al lado de Christina Aguilera, Ryan Gosling y Britney Spears,Timberlake dio sus primeros pasos sobre el escenario encandilando a América. Gosling y él se disputaron el corazón de Spears entre bambalinas. Finalmente se lo robó él. Era inimaginable predecir lo que vendría después.

Pocas cosas despiertan tanto respeto como aquellas personas que dedican su vida entera a algo. Unos a la danza, otros al piano; o, como en su caso, al show business. En aquellos 90, el estratosférico éxito de grupos como New Kids on the Block o Take That pedía a gritos más boy bands; era el momento para que las quinceañeras se tirasen de los pelos viendo a los Backstreet Boys y los *NSYNC (integrado por Timberlake y cuatro más). Era el momento del sonido enérgico de Zomba Records. En la gira de *NSYNC, Britney era telonera, y juntos oficializaron una relación que definió el amor adolescente de los 2000.

Tras diez millones de discos vendidos en EE UU, había llegado el momento de zarpar en solitario. A menudo tendemos a subestimar el alcance potencial de estos chicos que se encuentran tras este tipo de formaciones, pero las grandes compañías siempre toman buena nota desde sus despachos.

BAILANDO SOLO

Con Justified, en 2002, Justin Timberlake pasó de ser el querubín de rizos de oro a convertirse en rey de la MTV y sex symbol de Occidente. No obstante, su debut como solista sorprendió sobre todo a la crítica, que comparaba las notas de Rock Your Body y de Cry Me a River con el sonido Motown.

Antes de publicar tan histórico disco, todos pensaban que el resultado iba a ser un álbum de laboratorio con algún one-hit wonder, pero Timberlake no estaba de broma. Cerró bocas. El riesgo no era pequeño rescatando aquellos sonidos del pasado que nada tenían que ver con el sonido Zomba, pero hubo recompensa: el respeto de la música negra, como Pharrell, Brian McKnight, The Underdogs o Danja.

Tras dos premios Grammy (de un total de diez obtenidos a lo largo de su carrera) y el pacato escándalo de la Superbowl al lado de Janet Jackson, Timberlake esperó cuatro años para preparar su segundo disco, Future Sex/Love Sounds, con Timbaland. Esta nueva entrega, con sonidos que recordaban al Prince de The New Power Generation y con hits como Sexy Back o My Love, vino a reafirmar que su carrera en solitario no sería una mera anécdota. La imagen que proyectaba de joven gentleman hizo que el mismísimo Tom Ford lo reivindicase como un icono de moda.

Cuando actuó al lado de Beyoncé en los Fashion Rocks de 2008, cantando Ain’t Nothing Like The Real Thing, ya no cabía la menor duda de que estábamos ante la verdadera voz blanca del R’n’B. Timberlake había venido para quedarse. Su teléfono no paraba de sonar. Desde Madonna a 50 Cent le pedían featurings. Pero una vez consolidado como músico de prestigio, sintió que había llegado la hora de una asignatura pendiente: el cine. Siguiendo la tradición americana de grandes nombres de la música adoptados por las pantallas, Timberlake se lo tomó en serio. Sus intervenciones en Saturday Night Live (que le valieron cuatro Emmy) y la expresividad que derrochaba en sus directos le revelaban como potencial total showman. Y así fue.

TODO LO HACE BIEN

Curiosamente, las películas en las que ha participado son títulos inolvidables, como La Red Social de David Fincher. También se lució de macarra en Alpha Dog, o como un gran cómico en la soberbia Bad Teacher, al lado de Cameron Diaz (con quien formó una de las parejas más gamberras de los 2000); incluso como héroe de acción en In Time. Ha trabajado con los hermanos Coen y con Woody Allen. Con él, La La Land hubiese sido otra película. Pero no se puede tener todo: Justin se llevó a Britney y Gosling, La La Land.

Los años ausentes de la industria musical se vieron recompensados con The 20/20 Experience, el mastodóntico disco que tuvo secuela. Y tras el pelotazo mundial de Can’t Stop The Feeling, que llegó a estar incluso nominada a los Oscar, llegó su disco de madurez, Man of the Woods, y otra Superbowl.

Parece que fue ayer cuando arrancaba a todo gas su carrera en solitario: cuando Timberlake citaba a Stevie Wonder y a Michael Jackson entre sus influencias. Hoy, Shawn Mendes, Justin Bieber o Charlie Pugh lo citan a él. Al primer ministro del pop. Y, por si fuera poco, gracias a Levi’s, ahora podemos vestir como él. Bienvenidos a América.

GQ

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